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jueves, 9 de febrero de 2017

LAS LEYES DE HERMÓGENES

He de decir que este libro cayó en mis manos por la curiosidad que tenía por leer la obra de un escritor que ha aparecido en mi vida virtual por azar Josep Capsir. Me atrajo en un principio mucho el título . Me imaginaba que me esperaba una vorágine de pensamientos filosóficos , de aquellos que hacen trabajar tu mente a toda vela. Pero no... Es cierto que no me leí la sinopsis y fui a un terreno que no conocía.
Poco a poco fui dándome cuenta que me había transportado a otra época, específicamente a la etapa dorada de mi vida, la más loca y soñadora. La mayoría de la historia se sitúa en 1984 , paradójicamente uno de los años más felices que recuerdo de mi adolescencia. El personaje principal Toni es altamente entrañable y explica tantos recuerdos y anécdotas de aquella época que te hace morir de melancolía pero siempre sin borrar la sonrisa.
Hermógenes es alguien a quién conoce Toni y establece con él una amistad inusual pero muy cercana. Cómo nos hubiera gustado a todos tener un Hermógenes en aquella edad. Aquella en la que tienes tantas preguntas que vas resolviendo solo.
Hermógenes le da a Toni unas pautas que le serviran para el resto de su vida. Válidas para su edad y para todo lo que le queda por vivir . Y sí, que hay filosofía,  pero muy intuitiva, suave y deliciosamente delicada. Primero: Saca tus propias conclusiones,no sirven las de los demás. Admiración hacia la resiliencia de las personas. Y validez del amor maduro , aquel que relata Erich Fromm: "Me quiere porque le quiero" . Me ha encantado darme ese paseo por Blanes, volver a entrar a un bar, echar cinco duros a la máquina y jugar al ave Fénix. Volver a sentir la importancia de trabajar en el negocio de tu padre, convertirse de niño a adulto en un día.
Preciosa historia Capi.

miércoles, 8 de febrero de 2017

VISITA AL MUSEO D'ORSAY

Había llegado el esperado día .Teresa había preparado todo con una delicadeza exquisita con ese toque de excentricidad que la caracterizaba. El escenario de ese capítulo de su vida debía ser excepcional. Porque estaba convencida que comenzaba una nueva etapa de su existencia, no un simple entreacto.
Escogió para ello el museo Orsay de París. Tiempo atrás había sido una antigua estación de tren construida para la Exposición Universal de París y eso le daba ese toque de romanticismo que toda historia romántica debe contener. El color ocre de las paredes se contrastaba con el de las pinturas impresionistas de Manet, Cezanne, Sisley, Camille Pissarro. Era una enamorada de esos trazos que plasmaban realidades a grandes trazos pero que proyectaban todo lo que se quería plasmar.
Se hospedaba en Le Bristol París en la rue du Faubourg , por supuesto en el Quartier Latin. Su habitación estaba llena de detalles románticos como cortinas de flores, escritorios Luís XVI y muebles de maderas nobles.
Se retocó sus labios con aquel carmín intenso que tanto le gustaba. Se miró al espejo y vió a una dama espléndida. Su cabello gris recién retocado le daba ese aire de sensualidad que perseguía y que sabía que había conseguido. Tanto su manicura como pedícura eran impecables. No faltó ningún detalle en esa cita tan esperada. Ropa interior de raso, traje de chaqueta gris y un blazer de color lila haciendo conjunto con un pañuelo delicado de seda anudado a su cuello.
Como broche final unas gotas de Youth Diew, su perfume de siempre , una mezcla de especias y de notas amaderadas. Con carácter , como era ella.
Hacía 35 años que no lo veía. Decidió ir andando a su cita. Sus piernas le temblaban mientras bordeaba el río Sena por el Quai Voltaire. Nunca había vuelto a querer a nadie de esa manera. Nunca había vuelto a sentirse tan amada. Por eso aquel encuentro podría representar un último florecer de aquel corazón ausente de emociones.
Eligió como punto de encuentro la vitrina donde se exponía la pequeña bailarina de Degas. Le atribuía a aquella pequeña escultura características casi divinas. Ya estaba allí . Alargó la mano hacia la vitrina a modo de presentación. Sabía que sería guardiana de ese secreto tan preciado. De repente sonó su móvil. Era él ,le decía que no podría asisitir a la cita. Por un momento una lámina vidriosa empañó sus ojos. Entonces la voz dijo: "mira hacia atrás" y allí estaba él con una rosa en la mano. Treinta y cinco años más tarde, treinta y cinco veces mejor, treinta y cinco emociones sin explicación. Un gran abrazo hizo que estallara una emoción aunque silenciosa, la más apabullante del mundo. No podía haber mejores protagonistas ni mejor escenario.

miércoles, 25 de enero de 2017

SOLEDAD

La soledad... es aquel ser etéreo que nace con nosotros para abandonarlo con gusto cuando los brazos de nuestra madre nos acoge y sentimos la tierna calidez de la cual jamás queremos desprendernos. Nos da miedo y lloramos para alejarla. Poco a poco nos va acariciando de vez en cuando y vemos que no es tan mala. Va pasando el tiempo y la muy ladina nos hace que la echemos de menos en ocasiones en medio del barullo que supone una vida llena de ruidos y rutinas estresantes. Hasta que llega un día que la necesitamos y se vuelve en una amante que nos regala sus mejores momentos. Entonces el romance se hace increíblemente apasionado. Nos ofrece disfrutar de sonidos antes imperceptibles: la lluvia cayendo, un pájaro cantando en el árbol de al lado de nuestra ventana, rememorar momentos... También nos hace encontrarnos con nosotros mismos. Y es cuando nuestro diálogo hace que podamos ver con claridad la realidad de nuestro día a día. Representa libertad y hasta a veces por culpa de eso confundimos sentimientos. Pero como todos los amores fugaces, esa amante cuando es repudiada nos ahoga, nos estrangula, y volvemos a los sentimientos de nuestra infancia. Ya no es ligera, se vuelve pesada y nos vuelve a traer el miedo a nuestras vidas; porque sabemos que el camino se realiza a la inversa porque al igual que nacimos nos vamos de esta vida de su mano.

Más relatos en:

miércoles, 30 de noviembre de 2016

ÉRASE UNA VEZ

Érase una vez un niño que no era como otro cualquiera. Era de madera, porque así se empeñó su padre. Era carpintero y lo que mejor se le daba era el arte de tallar los troncos. Y ¿por qué no hacer un hijo que le diese compañía en sus noches tristes? 
Un hada madrina le ayudó con una varita mágica a convertir su sueño en realidad. Y de la noche a la mañana aquella figura fue tomando forma. Lo llamó Pinocho haciendo alegoría al árbol del que se hizo. ¿Podría haber un nombre más feo en este planeta? Fue lo primero que pensó el niño su primer día de escuela. Porque eso sí, en su primer día de vida tuvo que comenzar el colegio. Todos los niños se reirían de él.
No comprendía de lo que iba la vida y ya tenía que estar encerrado en aquella clase donde se enseñaban cosas tan aburridas como lenguaje, matemáticas y sociales.
Miraba por la ventana y se preguntaba que habría más allá. La vida se aprende andando por el mundo no encerrado en estas cuatro paredes.
Su padre le daba tiernos consejos por la noche como el de ser bueno, obediente, cortés  y humilde. Hacer caso siempre de las personas mayores y acatar sin rechistar lo que le dijesen.
Su mejor amigo no entraba en esos esquemas. Le gustaba la juerga, bañarse en el río, revolcarse en el barro, jugar con los charcos. Y evidentemente, no ir a la escuela.
Si no vas al colegio te saldrán orejas y cola de burro le decía su padre. ¿Qué malo tiene ser un burro? – se preguntaba- . Al fin y al cabo tampoco acababa de ser una persona.

Fue al día siguiente cuando se encontró con unos feriantes que mediante artimañas consiguieron convencerlo para no volver nunca más con aquel tierno viejecito que le había convertido en algo animado. Le llevaron a una feria dónde pudo comprobar que era la diversión más explosiva. Oyó por primera vez sus carcajadas… que poco a poco se fueron convirtiendo en rebuznos. Y, cierto. Su cuerpo fue convirtiéndose lentamente en asno. Al principio se asustó, pero luego empezó a trotar y esa sensación le gustó. Mucho más que la de ser un niño de madera encerrado en cuatro paredes que le ahogaban. Ahora estaba vivo de verdad. 


Más cuentos en 

http://molidelcanyer.blogspot.com.es/2016/11/convocatoria-juevera-para-el-jueves-1.html

viernes, 18 de noviembre de 2016

LA NIÑA ROTA

Hoy , finales de noviembre , me gustaría hacer una reseña de mi última lectura. "La niña rota" de Encarni Barrera.
Después de "Las manecillas del reloj" y "El infierno cabe en un suspiro". Encarni nos regala esta nuevo libro. Para mí , el mejor de los tres que he leído de ella.
Esta novela está archicargada de emociones. Para muchos de nosotros no son desconocidas porque las hemos oído a nuestros abuelos, a nuestros padres. Y remueven muchas cicatrices de historias muy dolorosas por ellos vividos y por nosotros heredadas.
Es una novela que transcurre durante las épocas de la postguerra hasta el principio de la democracia. Tiempos muy difíciles . Iba a decir, especialmente para las mujeres. Pero no es cierto. Para los hombres también fueron momentos muy dolorosos pagados con sus vidas.
El léxico utilizado en la novela es muy rico en matices. Quizás porque yo también he oído esas palabras muchas veces.
Las emociones agónicas están muy presentes en el libro. Quiero decir que durante algún episodio me he quedado literalmente sin respiración y he tenido que dejar el siguiente capítulo a espera de recuperarme para poder seguir. Momentos que no cualquiera perdona. Que te hacen llorar de rabia e impotencia. Porque sí, porque lloré con la novela. Lo siento, me era demasiado cercana.
El destino parece divertirse con toda la saga de personajes y cual teatro de marionetas les hace bailar al son que más le gusta. ¿ En la vida real también puede ocurrir? Pienso que sí en muchas ocasiones.
Desde luego, tengo que insistir que la primera parte del libro , la del tiempo de postguerra es excepcional. Me transportó directamente a aquella época y viví cada una de las injusticias que sucedieron. Luego un bálsamo más liviano que limpió heridas , pero que no comprendí en muchas ocasiones el modo de curarlas. Pero así es la novela. Algunos pueden estar de acuerdo y otros no. Quizás soy de las personas que pienso que no todo se puede perdonar en esta vida. O sí... ¿En qué nos convierte un perdón? ¿En personas débiles, es justicieras, en seres nobles? No sé... Reflexión hacía ello.
En resumen. Recomiendo altamente este libro, por muchos valores: históricos, reivindicativos, sociales, emocionales y compartir los sentimientos que siempre nos altera Encarni. Mi más sincera enhorabuena.

viernes, 11 de noviembre de 2016

LA NIÑEZ


Recuerdo mi infancia como una etapa muy introspectiva, dónde ya se marcaba mi especial sensibilidad hacia todo y hacia todos. A veces la nostalgia me invade en ciertos aspectos que hoy en día me dejan vacíos importantes; como aquellas charlas interminables con mi hermano mediano que algunas veces nos duraban horas y horas. Nuestras conversaciones eran verdaderamente interesantes y no necesitábamos mucho más que la observación de una mosca para divertirnos.
Rebosábamos en imaginación a falta de objetos alternativos. Una libreta y un bolígrafo siempre fueron mi regalo favorito. Dibujar, escribir, leer.
En mi generación fuimos unos verdaderos supervivientes. Nadie te ayudaba a hacer los deberes y si alguna vez me estresaba con los tareas diarias pues utilizaba mi ingenio, inventándome los números de aquellas interminables divisiones. Eso sí,  siempre los llevaba hechos. Mis padres nunca conocieron a mis maestros. Quizás alguna vez de oídas. Y mis maestros, pues tampoco. Si tenía anginas faltaba muchos días al colegio y cuando mi madre me preguntaba si mi profesora me había preguntado por mi ausencia , me quedaba pensando y la verdad es que no. No se había dado cuenta. Más bien era invisible. Hay tantos niños invisibles.
Miraba atenta la televisión y mis ojos se llenaban de lágrimas al ver a los niños de África que se morían de hambre, aquellos a los que siempre mi madre aludía cuando yo no quería comer. Y es que claro... yo era rica. Era rica porque mi padre compraba una cocacola los domingos. Y nos compraba muñecos de pica.pica de cinco pesetas de vez en cuando. Yo era rica porque los reyes magos me echaban dos muñecas. Y no me daba cuenta que mi madre había cambiado el vestido a aquella Nancy que ya no usaba. Era rica porque tenia una enciclopedia de cine, que solo mi hermano y yo fuimos tan frikis de leerla con 7 años.
Recuerdo perfectamente el olor del brazo de mi madre cuando se quedó embarazada de mi hermano pequeño. Me encantaba poner mi nariz y podía quedarme allí para siempre, hasta que me apartaba por pesada. Nunca se lo he dicho. Hay muchas cosas que no le he dicho. Y jamás le diré. Cosas que yo sentí. Cosas que siento . Porque sí, porque todavía no he dejado de ser una niña. Pero hay emociones que uno quiere guardar para uno mismo porque es lo que te da una fortaleza extra y le da sentido a tantas cosas.
La infancia marca nuestra vida futura. Pero no la define. Podemos seguir siendo niños, pero con la ventaja de decidir como personas adultas. Poner nombre a emociones vividas y que antes no comprendíamos. Y que ahora se nos escapan de las manos como si quisiéramos apretar el aire. Pero no se puede. Ahora el tiempo pasa mucho más deprisa y la inercia es  tal que muchas veces la desesperanza aparece y entonces recuerdas el sentimiento de serenidad que te daban aquellos viernes por la noche, cuando dormida el el sofá te teletransportaban a tu cama y amanecías al día siguiente sin saber cómo...

Más historias de niñez :
http://blogdemjmoreno.blogspot.com.es/2016/11/la-ninez_9.html





miércoles, 21 de septiembre de 2016

TEMPESTAD

TEMPESTAD
Ahora está en calma pero sabe perfectamente que en cualquier momento puede volver a visitarla. Sin invitación, sin previo aviso. No es amiga de los protocolos. Tan pronto pueden ser las doce del mediodía como las tres de la madrugada. Acecha como una sombra que aún sin sol permanece detrás del  alma para producir ese terror que hace que una vez más piense que la vida se acaba.
Ese diálogo interno que la alimenta en un día intenso lleno de emociones y exposiciones a conversaciones y pensamientos tóxicos. Se frota las manos. Es una vampiresa atroz que se alimenta de los  laberintos cerebrales.  No es fácil escapar de ella. No es cierto que siempre has de seguir el sendero izquierdo para salir de allí. Se bajan y se suben escaleras interminables que  dejan sin aliento. Se pasea por calles con mínima luz, y te deja descalzo ; a veces desnudo , destrozando los dientes que van cayendo a pedazos y que se intentan volver a pegar sin éxito.

La respiración se vuelve cada vez más exasperante. Gritos sin escucha.  Latidos incontrolados. Dolor punzante en el corazón. Quizás, alguna lágrima de lluvia pueda aliviar esa tormenta que amenaza haciendo más ligera la tempestad, y con algo de suerte amainen los truenos sobreviniendo un sueño que no resulta para nada reparador.